Un café olvidado sobre la mesa se enfría, mientras buscamos algo que nos saque del aburrimiento. Revisamos el móvil, abrimos ventanas, buscamos distracciones, una tras otra, pero el café sigue ahí, esperando.
En lo cotidiano pasa lo mismo: dejamos que lo simple se enfríe mientras perseguimos lo extraordinario.
No se trata de renunciar a soñar, sino de no dejar que el presente se oxide mientras esperamos un futuro perfecto. Tomar un sorbo —del café, del momento, de la conversación— es recordarnos que la vida está hecha de instantes que no vuelven.
“A veces, lo que realmente necesitas ya está ahí, solo te falta dar ese paso y probarlo.”
